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domingo, 12 de febrero de 2012

Qué frifriiiiiii...

En este momento no tengo ni ganas de comprobar el termómetro de la ventana, porque tiene una pinta que ya ya. Veo cómo se mueven los arbolillos, a un ritmo acompasado, como si estuvieran calentando motores para empezar con el baile de San Vito de un momento a otro. Qué asquerosos.
Esta mañana, cuando paseaba por Moncloa, veía los restos del botellón de anoche y los hielos que se le habían caído a la gente estaban perfectos, mantenían su forma y no tenían pinta de ir a cambiar un pelo en las próximas horas, ni muestras de empezar a derretirse, más monos... Al fin y al cabo, a ellos les da igual una cosa que otra, por eso del ciclo del agua y que el líquido elemento existente en el planeta tierra es el mismo desde que apareció (osea, que el cubata que se pimplaron algunos ayer estaba refrescado por algo que meó previamente un dinosaurio, dos vacaburras y tres lagartos de Komodo o como se escriba).
Pero la cosa viene de atrás. Ya pasé bastante frío el viernes, al salir del metro, que no podía hablar, porque se me caían las palabras al suelo, congeladas ellas. De hecho, algunas se me rompieron y puede alguien haya recogido los pedazos y esté escribiendo con ellos en algún otro blog que no sea éste. Desconfiad de las imitaciones, que no os den gato por liebre. Yo soy única, petarda e inimitable.
Pero estoy divagando, vamos al tema: llevo toda la semana, previendo esas olas siberianas que nos acosan en los últimos días (ya se lo he comentado a alguien; cuatro alces se han hecho fuertes en mi cocina, se están comiendo las lechugas - es que no tengo liquen en la nevera-) y he salido de casa equipada como si formara parte de la expedición de Amundsen. Si ya, de forma habitual, da penita verme, imaginadme en plan "la Antártida es mía": camiseta de manga larga con felpita por dentro, otra más de manga corta, para aislar; jersey, forro polar, anorak, guantes de goreloquesea, la braga también de polar, mi famoso gorro de indigente, que es horrendo, pero no cala la escarcha, botarracas con suela bien regorda, calcetines de lana y, debajo de ellos, unos leopoldos - ¿o son leotardos? -, también de lana. Y como ya sabéis que me gusta embromarme hasta a mí misma, el viernes estrené unas bragas con dibujitos de osos polares, que me han parecido de lo más adecuadas para la ocasión.
El resultado ha sido, como podéis imaginar, de lo más lamentable. Mi natural armonioso se ha visto seriamente mermado por ciento cincuenta capas de ropa... Yo, la de la cinturita de avispa... Pero no me ha servido de mucho, con estas ventoleras tan fermosísimas que, como dice Gusanita, ni escoba necesitaba para llegar a Alcalá. El sábado la punta de la nariz se me quedó a la manera del soneto ése de Quevedo ("un espolón de una galera"). Encima, la gente me miraba mal en el metro porque necesitaba cuatro o cinco asientos para sentarme. En fin, que hemos pasadso unos días que, como bien decía mi padre (besos, guapo) "había un olor a pies sudados por la calleeeee"...
Como ya sabéis que no puedo dejar la mollera quieta, con estas ráfagas heladoras que nos invaden entre tormenta y tormenta de hielo volador, me he acordado de la misma frase, mil veces repetida por nuestros ancestros y sus adláteres: "ya no hay fríos como los de antes". Y me pregunto ¿cómo cojones eran los fríos de antes? ¿Peludos? ¿Con gafas? ¿Bizcos? Y siempre me cuenta alguien las consabidas historias gélidolacrimógenas: que había que meterse periódicos en el tanga para aislarse del frío (que luego se les quedaban las letras impresas en el culo y no sabían si estaban en prolegómenos eróticos o viendo los resultados de la  liga), que se les helaba el agua en las palanganas (¿qué mejor excusa para no lavarse el oloroso sobaquillo?) y que había que meter los calcetines dentro de la cama un ratito antes de ponérselos... Pues vaya plan, tratad de poneos unos calcetines dentro de la cama y veréis qué grima, casi es mejor pasar frío.
Pero la cosa no acaba ahí. Luego os cuentan que les salían sabañones en las orejas, que se les congelaban los mocos y no sé cuántas tragedias más, que parece que, en vez de aquí mismo, estaban viviendo a los pies del glaciar Perito Moreno.
El caso es que te quedas con la idea de que tú, que vas forrada hasta las orejas y sigues temblando, estás pasando hasta calor comparado con otras generaciones, porque no tienes en tu casa  chupones de hielo en el váter. Caray. Que por eso conquistó César a los galos, por blandorros.
Muy bien, voy a mentalizarme, no hay rasca en este dojo. Entonces ¿por qué sigo yo tiritando, que parezco sacada de un chiste de tartamudos, pero sin maldita la gracia? Y ese termómetro que me ha recibido las últimas madrugadas con un -7 más bonito que un San Luis, ¿se lo esteba inventando para tomarme el pelo? La cuarta de hielo que he tenido que rascar del cristal del coche estos días ¿es nada más que para fastidiar? La duda me corroe (snif).
Además, que se te ocurra decir nada, que enseguida hay alguien con la consabida frasecilla "ya estáis, los de Madrid, que no valéis pa na", que no digo yo que no sea verdad, pero hace frío, coño. Que se lo pregunten a mi cuña, que ha experimentado unos fantásticos cuatro bajo cero al medio día en la patria de Santa Teresa (ni yemas me ha traído, el muy malvado). En mi casa del pueblo, el pingüino me ha pedido 60 euros para un billete de autobús hacia el Sur. Por lo visto, ha oído algo sobre el clima subtropical de Almuñécar. Ha empaquetado un par de mis latas de albóndigas y allá que se va, a tomar el sol. Por mí, que no vuelva.
Pues da lo mismo, tú presenta todas estas apabullantes pruebas ante un auditorio que te ve, además, temblando, como una loca, que parece que estás sufriendo una crisis epiléptica y todos te dirán "hala, qué exagerada", aunquen tengan congelado el culo y estalactitas asomando por las narices, que nadie reconoce que se está pelando si se le presenta la oportunidad de llamar nenaza a alguien de Madrid.
No os dejéis engañar, sí hay fríos como los de antes y, como os podéis imaginar, es un estrés y un sinvivir.

6 comentarios:

  1. Bah, bah, paparruchas, pregúntale a Pavlik, te dirá que todo lo que esté por encima de los -32ºC son mariconadas. Yo, por mis partes, como también soy a mucha honra, de Madrid, pillé un constipado allá por el mes de noviembre un día que llovió, y todavía no lo he soltado, si me abrigo, sale el sol y sudo como un pollo (como una pollita, que diría mi madre), si salgo un poco menos xagerá, bueno, el viento gélido del golfo pérsico, o del estrecho de Bering, no sé, me rodea y se me cuela por todo el cuerpo humano, y llego llorando a casa... pero pensad que, de todas maneras, el frío conserva, y hace que no salgan arrugas en la cara, y si no, miradme a mí que aparento unos 10 minutos menos de la edad que tengo.
    Besos chuperreteaos y con moquillo.

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  2. Cof, cof, cof, digo sabias palabras, oh, hermanuela. Yo me he sentido hoy muy emocionada porque hacía 1º en Alcalá, en vez de 6 bajo cero, como ayer. Casi na, siete grados de diferencia de un día a otro. Vamos, que casi me pongo a sudar de la alegría. Pero no lo he hecho porque, al fin y al cabo, tampoco es que haga calor.
    En cuanto a lo de las arrugas, te doy toda la razón, mi terso y lustroso cutis es la envidia de todos los "arrugaos" que pasan sus horas libres al sol de Canarias (snif).

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  3. Hoy miré al cielo, y no vi esperanza, ni un futuro prometedor, como los grandes negros de los 50 y 60, lo que he visto es sol...Aleluya! que doblen las campanas!Desde luego este frío ha venido desde siberia, porque en Letonia no hacía tanto...que estrés!!
    Un besicoo
    Por favor cambia la fuente del blog que me quedo bizco, o por lo menos dedícale una entrada del blog al estado de tus ojos después de leer una de las susodichas. muakas muakas

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    1. Fermoso Pablitufo. Muchas gracias por tus poéticas palabras. Te felicito por tener sol allá en Guada, porque Alcalá estaba hoy también medio nublado. Yo pensaba que ibas a hacer un comentario en plan "copaaaardes, que yo en Letonia paseaba en pelotillas a 34 bajo cero" y fíjate lo que me encuentro.
      En cuanto a lo de cambiar la fuente, voy a ver si consigo hacerlo, que ya conoces mi habitual torpeza. Si no lo logro, te haré caso y escribiré una entrada sobre topetes.
      Más remuaskas para tí, guapetón.

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  4. Bah, Mary Helen, es que no te acuerdas del invierno que sacamos la plaza. Que desde Sevilla me llamaban a mí todos los días a la hora del Angelus y lo primero que me preguntaban era la temperatura, "ocho bajo cero". "Osho baho sero? Ohú, vente pa cá que a esa temperatura no se pué viví". También dice Maria Eugenia, diez años en Vladivostok de monja, que hasta los 25 bajo cero se vive bien, luego te duele la cabeza porque se te congela el cerebro rápidamente. En fin, aquí también ha hecho un frío, y sobre todo un viento, del carajo. Parece que amaina, cosa que han agradecido todos los esquiadores maños, que estaban en la línea de salida del puerto de Monrepós de los putos nervios. Yo mucho frío he tenido, y eso que también me he disfrazado de loca peligrosa inviolable, por aquello de todas las capas... Aun queda mucho invierno, queridos!! Que el 23 de abril he llevado yo el abrigo puesto en Zaragoza en más de una ocasión!!

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    1. Ah, "muyaya", qué sabias palabrejas. Cierto que estos frescores son lo habitual en el "invienno" y que no es la única vez que se nos congelan las orejas. Pero, qué se le va a hacer. Por aquel entonces yo no tenía blog. Si no hubiera hecho una entrada sobre el ángelus y el hombre del tiempo.
      Nieve, lo que se dice nieve, no hay mucha, qué se le va a hacer. Snif.

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