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viernes, 8 de enero de 2016

Los Reyes Magos se pasan cuatro pueblos...

Después del revuelo que se ha armado con las cabalgatas de Reyes y ver la cara de aquéllos que esperaban juguetes y se encontraron con unos calcetines, no sé yo muy bien si decir algo, no vaya a ser que mañana me llegue una carta de Oriente diciendo algo así como "pues si eres tan lista, al año que viene te ocupas tú de repartir los regalos, so petarda" y eso sí que sería una putada.

... Porque claro, los que trabajamos como mulas podemos caer en la tentación de pensar que tiene que estar guay ser Rey Mago y currar una sola noche al año y poder dedicar los restantes 364 ó 365 días a mirar las estrellas, a ver si aparece alguna que merezca ser seguida... No sé lo que cobran Sus Majestades, pero seguro que está bien pagado, de lo contrario no llevarían más de dos mil años haciéndolo sin quejarse a su sindicato. ¿Se regirán por el convenio único? Algún año he intentado quedarme despierta para preguntárselo, pero no lo consigo...

Lo primero que he pensado es que, si buena parte de la tarea la desempeñan los pajes (recoger las cartas, guiar los camellos y muchas veces, subir los regalos, porque yo nunca he visto a los Reyes en casa, aunque una vez creí divisar la capa de Melchor por el pasillo - y era azul -, pero sí he visto a uno de los pajes en mi ventana, el año que me trajeron el disco de "Pinocho") ¿no sería ya el momento de reconocer que están desempeñando funciones de superior categoría profesional? ¿Podrían negarse a hacerlo en algún momento, alegando que es contrario a convenio?

Y es que estaréis de acuerdo conmigo, por muy Magos que sean Melchor, Gaspar y Baltasar a su edad, entre las barbas, las coronas-turbante, las túnicas y la capa, trepar por uno de esos edificios de veinte pisos de la calle de la Princesa, por ejemplo, tiene que resultar difícil. Espero que su manual de prevención de riesgos laborales les explique convenientemente cómo trepar doscientos metros por una escalera, con unas faldas largas y un saco con cuarenta regalos en la chepa sin sufrir luxaciones, contracturas y otras enfermedades que seguro les han hecho merecedores de un plus de peligrosidad.

En fin, que preveo una demanda a magistratura por parte de los pajes reclamando les sea reconocida una nueva categoría y los pobres Reyes sufriendo, en silencio, ante tamaña injusticia, snif.

Pero bueno, sean los pajes o los Reyes quienes pasen por vuestras casas ¿a que no tenéis el detalle de dejar siquiera la ventana abierta? Que si hace frío, que si son magos. ¿Os imagináis que un vecino avisara a la policía al ver a tres viejecillos abriendo una ventana y pasan la noche en comisaría? Porque a saber, con el follón que hay en Oriente Medio, qué nacionalidad tienen ahora mismo. ¡Hasta que se deshiciera el entuerto todos los niños esperando! Menudo plan. Además de todo lo que ya he dicho, tienen que añadir el sigilo, técnicas de camuflaje y algunas artes poco recomendables para entrar en casa ajena. Y nosotros ¿qué hacemos para ayudarles? ¡Dejarles una bandeja de polvorones! ¿Para qué, para que les entre sed y así beberse la leche? ¿Y si alguno es alérgico a la lactosa? Recuerdo que nosotros dejábamos unas copitas de vino dulce, seguro que les apetece más. Pero ¿qué les pasaría, en este caso, a partir de la cuarta o quinta casa? ¿Continuar el reparto medio txuzos? Ahí sí que correrían grave riesgo de caerse por la escalera...

Y otra, las zanahorias de los camellos. ¿De dónde hemos sacado que los camellos comen zanahorias? Supongo que, si tienen hambre, se comerán cualquier cosa, pero no me imagino yo a los beduinos del desierto alimentando sus rebaños con zanahorias... ¡Menuda pasta!

Total, que no sólo es peligroso, corren el riesgo de sufrir una demanda por parte de sus pajes y pueden acabar borrachos, con un shock anafiláctico y con diabetes, encima tienen que volver a casa con doscientas toneladas de zanahorias, así que ni siquiera les queda el consuelo de un retorno sin partirse el espinazo con el peso de los sacos. Vamos, que no me cambiaba yo por ellos, aunque sólo trabajen una noche...

... Que también está por ver, porque ¿cuánto lleva el viaje con toda la impedimenta? Que si los camellos se sientan, hartos ya de andar cargados de regalos; los pajes, de vez en cuando forman corros para discutir su situación. Seguro que más de una vez, a lo largo del camino, alguno se ha acercado a decir "vale, Gaspar, pero que sepas que esto no se encuentra entre mis funciones" o "que no, Melchor, que no subo a esa palmera para ir ensayando, que el que tiene que entrenar y rebajar esos kilos de más eres tú" y otras lindezas parecidas, que seguro llenan de congoja sus ancianos corazones. Yo calculo que un par de meses recorriendo medio mundo a dos por hora no se los quita nadie.

Y ¿qué me decís del tostón de las cartas? Porque yo me imagino tener que leer millones de misivas de niños que aseguran que ese año han sido muy buenos y me parto de risa... ¿Tendrán jeta? Y que se encuentren, de repente, con que se les ha olvidado el regalo de Pepita al lado de un pozo en Arabia o que no cogieron todos los libros que pedía Luisita y hay que volver y tener que cruzar otra vez yo qué sé cuántas fronteras. Los regalos ¿tendrán que declararlos en cada aduana todas las veces? Pooooooobres.

Además, una vez que llegan a destino no pueden hacer como todos los mortales cuando tenemos que viajar por trabajo: llegar al hotel, quitarnos los zapatos y tumbarnos en la cama un ratito, qué va, a ellos les toca subirse a una carroza y tirarse no sé cuántas horas ahí, de pie, con el peligro que tiene eso, tirando caramelos y poniendo buena cara, cuando seguro que les están matando los pies y les duelen las lumbares y ni se han podido lavar las manos y las tienen llenas de lana de camello, como mínimo. Y saludando, sin perder la sonrisa, para luego llegar a una tarima donde tooooodo el mundo podrá ver si llevan un lamparón en la túnica, que no han podido ni cambiarse de ropa, a saludar al alcalde de turno y soltar un espich que no sea "ay, mi ciática, estoy harto de leche y polvorones, sois unos gamberros y pretendéis que nos creamos que habéis sido buenos todo el año, avisad al portero y que nos dejen subir en ascensor, podió", nooooo, qué vaaaaaaaaaaa, tienen que decir "sabemos que sois buenísimos, comeos rápido la cena, dejad los zapatos preparados y a la cama enseguida". Vamos, que de ser yo Baltasar, me bajaba de la tarima y me iba a cenar por ahí y luego a dormir yo, pues no faltaba más.

Pues no, entonces toca empezar el reparto. ¿Cómo harán para no confundir los paquetes de uno con los de otro? Porque yo me imagino que alguien, por error, recibiera las estupideces que suelo pedirles yo a los Reyes y me encantaría verle la cara que se le iba a poner... la misma que yo, si al abrir uno de mis paquetes, me encuentro, por ejemplo, una tostadora.

Y luego, a hacer mutis por el foro, que nadie se molesta en esperarles, a primera hora de la mañana, con un café y unas porras, por ejemplo, para darles las gracias y desearles buen viaje de vuelta. Unos desagradecidos, eso es lo que somos.

Vamos, que tras mucho pensarlo, he decidido que no quiero hacerme Reina Maga, aunque sólo curre una noche al año. Además de agotador y estresante, de tener que aguantar un montón de sinsabores y de trolas, luego ni agradecido ni pagado. Lo dicho, el trabajo de Rey Mago, aunque no lo parezca y venga lleno de lucecitas, purpurina y espumillón, es un estrés y un sinvivir.