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martes, 18 de marzo de 2014

Sándwiches vegetales de pollo...

Antes de que empecéis a protestar y a preguntarme dónde demonios me había metido, tantos meses y meses sin colgar nuevas gilipolleces en éste, mi blog y el vuestro, voy a dejar zanjado el asunto diciendo la verdad verdadera de tanta aparente desidia: el perro se comió los últimos posts. Me diréis que es un tanto difícil y, sobre todo, que sabéis de muy buena tinta que no tengo perro, pero os aseguro que es absolutamente cierto. ¿No me creéis? ¿Y alguna vez habéis pretendido que vuestra maestra se tragara lo de los deberes? Pues sí que estamos buenos...


Hala, todo resuelto. Ahora vamos a lo que interesa.


Seguro que, al leer el título de esta entrada, pensaréis que, definitivamente, la última neurona que me quedaba sana se ha vuelto del revés y está haciendo el lelo por el teclado del ordenador. Pero os juro que podéis encontrar cosas así de absurdas con que os asoméis por la estación de Atocha, como yo, incauta, hice el otro día.


Resulta que tenía que coger un tren para Parla y no me había dado tiempo a comer, así que me metí en la única cafetería o lo que fuera que estaba abierta, me cogí una cocacola y me puse a leer los paneles, para elegir el bocata que me pensaba zampar. Y entonces lo vi, el colmo de la "nouvelle cuisine", ¡sándwiches vegetales de pollo! Y a continuación ¡sándwiches vegetales de atún! Impresionante.


Pensando que, con toda probabilidad, la cocacola que me estaba bebiendo contenía algún alucinógeno, me acerco al mostrador y le pregunto a la dependienta "¿tienes bocadillos vegetales de pollo?", convencida de que me iba a contestar "pues no, ¿me has visto cara de idiota?". Así que me quedé de piedra cuando me dijo, toda seria, "sí". Y yo, completamente descolocada, le pregunté otra vez "¿puedo verlos?" y ella, empezando a mosquearse, me señala el expositor, como si estuviera loca...Y me voy al cristalito de las narices a ver varias hileras de relucientes bocatas, todos bien colocaditos y monos. ¡Allí estaban, los jodíos! Camuflados entre los de tortilla, los de jamón con tomate y otras exquisiteces, estaban esos pequeños impostores, metidos en pulcras bolsitas blancas, como si la cosa no fuera con ellos, detrás de un cartelito plastificado que, efectivamente, rezaba: "sándwiches vegetales de pollo". Y a su lado, también como disimulando, sus primos, los "sándwiches vegetales de atún".
Yo seguía sin tenerlas todas conmigo, así que, a fin de poder verificarlo más tarde, en casa y con las gafas bien relimpias, le hice, a la ya mosqueada camarera, otra nueva pregunta del millón, a saber, "¿puedo hacerle una foto a los bocadillos?". Porque tenía miedo de que tan ridícula visión desapareciera en cuanto mirara a otro lado. Y la pobre mujer, un poco harta ya, me dijo que sí, con lo que hice la foto probatoria y ya no se me escapan, malditos cabrones. Ahora todo el mundo puede ver lo que yo vi y quedarse igual de alucinado que yo...
Porque... ¿sabéis de qué eran esos malditos bocatas? Pues de pollo con lechuga. ¿Y los otros? Pues de escabeche. ¿De qué iban a ser, si no?
Así que me puse a mirar la bandeja detenidamente, mientras la pobre dependienta ponía cara de estar a punto de llamar a los vigilantes de la estación para que me trasladaran al psiquiátrico más próximo, acompañada de los bocadillos, eso sí. Pero no vi nada más interesante. No había otros de jamón de berzas o uno de verduras carnívoras... Aunque empiezo a sospechar que los hubo. Al fin y al cabo yo llegaba allí a las tres largas, cuando casi todo el mundo ha comido ya y lo único que quedaba en el expositor eran los restos. Lógico. ¿Quién se iba a comer un bocadillo vegetal de pollo pudiendo chascarse uno de tortilla, que no engaña a nadie?
Y lo cachondo es que los rótulos eran bilingües y en inglés sí que estaban bien: "chicken with salad", ponía (vamos, eso dijo mi hermana, que tiene mejor vista que yo, cuando le enseñé la prueba testimonial).
Total, que pensando, pensando, por fin he comprendido por qué me saben tan raros los sándwiches vegetales cuando me como uno ¡porque no son vegetales! Pero probad a hacer lo contrario. Pedid un bocadillo de lomo con pimientos y ya veréis como no es de acelgas. ¿A qué se debe esta incoherencia? ¿Quién gana saboteando con atún nuestros bocadillos vegetales? ¿Existe, acaso, una red internacional de falsificadores de verduras? ¿Tiene datos sobre ello la agencia europea que cuida de nuestra seguridad? Lo ignoro, snif.
Pero sí he entendido algo, el por qué mis conocidos vegetarianos abren el sándwich antes de probarlo y ponen siempre la cara de ir a encontrarse un gusano dentro... ¡Porque una mano negra trata de envenenarlos! Y luego, alguno de ellos, en un susurro, te confiesa que, años atrás, al ir a aderezar su rúcula, se encontró debajo, con cara de no haber roto un plato, medio conejo al ajillo... o la vez que intentaron convencerle de que el entrecot que le traían era una gigantesca col de Bruselas. Y con eso tienen excusa para hacerte probar a ti las croquetas, no vaya a ser que, en vez de boletus, sean de jamón serrano y haya alguien descojonándose de risa detrás del mostrador.
Pues imaginad, eso pasa con los vegetarianos, que toman leche, huevos y esas cosas. ¿Qué malvados tejemanejes se traerán con los veganos? ¿Les esconderán gambas entre las almendras para poder, luego, jactarse ante sus amigos de la bromita?
En fin, pues pensad, ya puestos, que os habéis tirado media hora en una cafetería, haciendo el merluzo y elucubrando sobre los bocadillos, mosqueando a la camarera, que estaba a punto de cerrar cuando vino a visitarla una loca que, de repente, mira el reloj y dice "¡joder! ¡que no llego!, le deja el dinero de la cocacola encima del mostrador y sale a toda pastilla, a coger el maldito tren de Parla.
Y claro, cuando le cuentas a los amigos que acabaste en el tren a las cuatro de la tarde, sin haber comido, para tirarte luego cuatro horas liada y volver a casa a las diez de la noche, sólo porque los bocadillos vegetales tenían carne, piensan que lo grillada que estás sí que es un estrés y un sinvivir.