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lunes, 8 de octubre de 2012

Y no te olvides de lavarte las orejas... so cochiiiiino

Mi amigo Ignacio está tan acostumbrado a que nos pasemos todo el día dándole la brasa a través de las redes sociales (que si "¿cómo arreglo la junta de la trócola del ordenador?", que si "¿cómo se dice en húngaro no tirar papeles al suelo?", que si "¿cuál es la diferencia entre una meiga y una bruxa?") que ha tomado la costumbre de avisarnos cada vez que se levanta de la silla, para que no le petemos el muro. Por eso es frecuente ver mensajes suyos del estilo de "¡a la duchaaaaa!" y yo siempre le pongo debajo "¿te has lavado las orejaaaaaas?" o cualquier otra variante de esa frase.
Por supuesto, Ignacio siempre se lava bien las orejas... algo que, aparentemente, yo no sé hacer, si hay que atenerse a lo que me saco de ellas todas las mañanas. Sí, ya sé, me diréis que por qué os cuento algo tan asqueroso, pero es que creo que no prestamos suficiente atención a nuestros enormes (en mi caso) apéndices auriculares.
... Y los que somos de natural gafoso no sólo necsitamos de ellas para oír, colocarnos pendientes (que ahora, no sé por qué, se llaman piercings) o acumular porquería: también nos hacen falta para sujetar las patillas. En fin, que si no te las restriegas hasta dejarlas relucientes tooooodos los días, puedes acabar siendo mucho más miope, algo que no os recomiendo, sobre todo ahora que ha subido el IVA.
Pero dejando de lado la estética (falta de ella, porque hay cada horterada por ahí que lo flipas) y el mantenimiento de nuestra capacidad visual ¿cuál es la verdadera función de las orejas?
Se supone que alguien realmente mueso, como los corderos, o incluso un zorrón desorejado, puede oír tan bien como el que parece, como decíamos de pequeños "un seiscientos con las puertas abiertas". Los egipcios se las cortaban a los esclavos y ellos seguían enterándose de lo que les mandaba el faraón (y pobres de ellos si no lo hacían). En fin, que su misión es, más bien, como lo de forrar las bolitas de la antena interior con papel de plata, cuando la tele era analógica, facilitar la recepción, pero sin exageraciones.
Pues qué bien. Dicen que la naturaleza es sabia y que la evolución tiende a optimizar los recursos de que dispone una especie y así garantizarle el éxito biológico, pero las teorías darwinianas se estrellan con las orejas. No valen casi para nada (bueno, salvo que seas un elefante y las necesites para refrescarte la sangre agitándolas, pero excepto un par de genios, entre los que se encuentra mi cuñado, no conozco a nadie que las mueva demasiado).
Además, son horrendas. Feas, inútiles y, para rematar, completamente ignoradas.
Dicen de las mujeres que siempre nos estamos quejando de nuestro pelo y de lo gordas que estamos; que las adolescentes se preocupan casi exclusivamente de sus tetas; que los culturistas prestan atención a cada músculo de su organismo. ¿Alguna vez habéis visto a alguien que hable del cuidado de las orejas? ¿Alguna persona que se las haya asegurado por una cantidad millonaria, como hacen los futbolistas con sus piernas? Nada de nada. Sólo nos acordamos de ellas cuando vemos algún viejo orejudo y nos da la risa... hasta que pensamos que, en unos años, estaremos exactamente igual. Entonces, ya no tiene tanta gracia.
Pero descuidarlas puede convertirse en un infierno, os lo aseguro. ¿Quién no ha oído alguna historia sobre aquellos fríos polares que, según nos cuentan, había antaño y ahora no? Pues entonces, a nuestros ancestros, se les llenaban las orejas de sabañones y creo que pican un montón.
¿Qué más? Vosotros probad a pasaros el dedo por detrás, cuando os quitáis las gafas por la noche. En más de una ocasión, pese a vuestros intentos higiénicos, habréis sacado pelusillas.
¿Y qué decir de quienes, como yo, se colocan un mechoncillo de pelo, en plan coqueto? Coged un espejo y miraos el cogote después de haberos puesto mechas, ya veréis como están todas rojas.
Aún puedo contar más desgracias. Por ejemplo, los que tenemos el lóbulo pegado (según uno que conozco, es porque somos ochomesinos), tenemos que rascar ahí a base de bien, porque luego suda y huele mal.
En fin, que por todas estas razones y otras muchas, dedico un buen rato todos los días a poner las mías en orden y por eso se lo recuerdo a Ignacio...
Todo inútil... En el último reconocimiento médico, cuando me hicieron la audiometría, además de decirme que estoy más bien teniente, también me comunicaron que tenía un tapón en el oído izquierdo. Tócate las narices ¿y mi meticulosa limpieza? ¿Para qué demonios ha servido?
El resultado, mogollón de días echándome una sustancia repugnante que dicen es "agua de mar" (cacamer, o algo así, se llama), con lo desagradable que es que te entre agua en el oído, que te pasas el día dando saltitos, a ver si sale, oyendo crujidos todo el rato y luego, cuando estás en la cama, un chorro asquerosamente tibio sale y te pringa la almohada.
Le preguntas al médico y te dice que no uses bastoncillos, porque empujan la cera para dentro y te forman tapones todavía más gordos, que sólo los utilices para limpiar el pabellón. ¿Qué pabellón, hombre, que parece que están hablando de un polideportivo, no de una superficie de diez centímetros cuadrados?
... Con el problema añadido de cómo demonios reciclas luego los bastoncillos. Que según Adela tienes que separar el palito, por un lado, a la bolsa amarilla; el algodón, a los residuos biológicos.
Vamos, que seguro que no habíais pensado nunca en la cantidad de problemas que ocasionan las orejas: te salen sabañones, cogen pelusilla, se te tiñen de rojo, huelen mal, se te forman tapones, se te llenan de agua de mar, arruinas las campañas municipales de reciclajes por no separar los residuos convenientemente y, al final, tienes que aguantar que un otorrino prepotente te llame gorrina... Todo por poder llevar las gafas bien colocadas.
Hacedme caso: si veis bien, dad gracias al cielo, al hado o al hada. De lo contrario, pasad a las lentillas o probad la cirugía láser...
... Porque mantener las orejas limpias no es un acto cotidiano, sino un estrés y un sinvivir.

4 comentarios:

  1. Magnifico como siempre nos hacer que tengamos un mejor día con este blog. Un beso

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    1. Hola, Jaime, guapetón. Siempre tendrás un buen día... si te lavas las orejaaaaaaaaas...

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  2. Respuestas
    1. Qué ilu, Higinioooo. Cuánto me alegra que te gusten mis tontunas...

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