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viernes, 12 de noviembre de 2010

Yo sólo iba a por el pan...

Me apuesto las orejas y no las pierdo (por favor, que no las pierda, que cómo me voy a sujetar las gafas si no) a que a todos os sucede esto con más frecuencia de la que quisiérais:
Típico día sin pan (casi siempre, condenada al puto molde, snif) y te dices: pues voy a comprar una barreja. Te bajas a la tienda en chándal y chancletas (porque sólo vas a por el pan - creo que, con la nueva ortografía ésa de los huevos, el "sólo" ya no se acentúa, que estrés de verdad) y, según entras en el súper, recuerdas que no tienes detergente para la lavadora, menos mal que has venido aquí y no a la panadería.
Como han cambiado la distribución en el supermercado, qué manías tan tontas, oye, pasas por delante de los dulces de Navidad, que están ya ahí preparados y sólo es noviembre... justo la única época del año en que me apetecen polvorones y mazapanes. Oye, qué ricos, unos poquitos... Ay, y tomates, que el único que queda en el frigo está tan arrugado y putrefacto que da miedo, cualquier día me ataca.
¿Dónde coño está el puto pan? Anda, mira, si están de oferta las pechugas de pollo, quinientos kilos, pues congelo y me duran más. Y yo, ¿qué congelador tengo, de 900 metros cúbicos? Y tanto pollo, joder, con la de hormonas (hormonísimas) que tiene. Hormonas empanadas, hormonas a la naranja, hormonas fritas, nunca imaginé que la hormona se pudiera cocinar de tantas formas. Creo que me estoy liando.
Voy a aprovechar para coger unas cuantas latas, que luego siempre vienen bien para resolver una comida de última hora: que si atún para ensaladas, maíz (transgénico y baratísimo, como a mí me gusta...), un par de concesiones: fabadillas, lentejas y tal, catorce mil calorías pa'l body. Bieeeeeeen.
Pero bueno, ¿el pan no estaba antes en este pasillo? ¡Anda, queso! Sólo un poquito, que luego me lo como...
A todo ésto, he tenido que salir a coger un carrito, porque tenía ya los brazos como un mozocuerda de tanto paquete... Y sigo sin encontrar el pan. ¿Se estará escondiendo de mí, el muy cabrón? Pero las cerves, allá se las distingue, tan erguidas ellas, bíjate tú, oferta de marca el Pato, ¿a qué sabrá?
Un pasillo lleno de cosas de cereales, lógicamente el pan debería estar aquí, con sus amigos... Pues no, en cambio hay tropemil historias empaquetadas para desayuno, de esas que se quedan duras y se sorben toda la leche ellas solitas, las muy glotonas. Las odio, pero me llevo un paquetillo, para no entretenerme preparando desayunos. Qué ajco. Y el pan ha huido.
Uy chocolateeeee. No, esta vez no, que luego ya sé cómo acaba la historia. Bueno, unas chocolatinas, que son pequeñitas...
Anda, mira, estoy al lado de la caja y está libre. Ésta es la mía. Pero, ¿cómo me llevo todo esto? No traigo carro, ni na de na y me da palo coger doce mil bolsas, estoy en plena ráfaga ecoloalgo. Bueeeeno, compro un par de bolsas reciclables, que luego me valen para más veces. Una mierda, tengo doce mil en casa, nunca han vuelto a salir, desde el día que las compré, se sienten secuestradas y suuuuuuufren. Jaarl.
Hala, muy bien, la broma me ha salido por un montón de pasta. Además, tengo los pies helados, porque bajé en chancletas, me toca subir la compra a pulso, con lo que pesa. Y, obviamente, no he traído pan. Pues ahora baja su puta madre. Yo me quedo aquí, con el molde asqueroso y los biscottes.
De verdad, no compréis nunca pan, sale carísimo, engorda un montón y, además, es un estrés y un sinvivir.

5 comentarios:

  1. esto solo nos pasa a las mujeres. Ellos van a la compra con la lista de las cosas que hay que compran y si se despistan con algo que no hace falta es que no hace falta de verdad. Para qué habrá traído mi Santo una docena de huevos "por si no hay" y acabo de comprar yo otra? O aun mejor, para qué habrá comprado un paquete de morcillas, otro de bolas y otro de fardeles, que es todo lo mismo y vamos a tener sangre con cebolla hasta el dia del Juicio?
    Ir a la panadería sí que es caro: deme una docena de rosquillas que le gustan a mi hija (pero que luego se come el Padre), una docena de pastas de coco (que le gustan al Argudo pero luego ese es el domingo que no viene y se lo come el Padre) y media docena de cruasanes (que me gustan a mí pero luego se los come la niña) Total, diez euracos en pijadas que engordan. Estoy de acuerdo, guerra al pan.

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  2. Pues claro que sí. Además, luego lo pierdes (o se lo lleva el duende, o Nosé o Nomeimporta) y, cuando lo recuperas, está más duro que el cogote de San Pedro y sólo te da para hacer sopas de ajo... que engordan muchísimo. Un estrés y un sinvivir.

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  3. Estoy en el súper, que he ido a por pan, en chancletas y en chándal, y por si acaso (por si acaso ¿qué?) me he llevado el móvil (teléfono) y me llama mi ksto, y me dice,anda Mari, trae patatas y huevos y cebollas y detergente y, bueno, si quieres, claro... y yo digo, jo tío que luego voy cargada como una mula, pero lo compro, y me digo, la próxima vez ni móvil ni mierdas, ni pan, el que quiera tortilla de patatas que baje a comprar, yo, con un yogur me apaño.
    (Tururú)
    Da capo hasta el fin.

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  4. Que conste que escribo esto bajo coacción (están invadiendo mi blog con comentarios soeces estas Corteses)
    Cuanta verdad en tus palabras sabia tieja mía, aunque no diré nada de momento, pues lo reservo para una entrada de mi blog con tema parecido.
    Gracias por la inspiración, ahora copio tu fórmula y me hago de oro. Muhahahaha

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  5. Es lo que tiene hacer públicos tus pensamientos, que cualquier sobrinejo puede hacerlos suyos y luego... aaaaah, yo qué sabía... ñeñeñeñe... En fin, que ya sabes, por experiencia, que hacer la compra es un estrés y un sinvivir. Ya ves que a tu madre le pasa lo mismo. Pero no desesperes, con los años lo harás igual de mal.
    Otra cosa, que te prodigas poco escribiendo, so golfo. Que yo he estado fuera y tengo excusa...

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