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martes, 15 de febrero de 2011

Puñadejos, chorrillos y palmos

¿Os habéis fijado la cantidad de unidades de medida diferentes que existen, todas ellas incomprensibles? Parece que nos hubiéramos confabulado para no ligar ni papa en este tema y claro, así nos luce el pelo, que andamos todos más despistaos que un pulpo en un garaje.
Por ejemplo, ¿por qué coño la tele se mide en pulgadas? ¿Vas a andar plantando dedazos en la pantalla para saber el tamaño que tiene? Y encima, la medición tiene que hacerse en diagonal. Pues sí que estamos buenos. Si lo que queremos es que sea enorme y nos quepa en el mueble y para eso, la medimos de ancho y de alto... Y en palmos.
A ver, ya sé que hay gente muy meticulosa, que antes de ir a comprar la tele, mide el hueco que tiene para instalarla y, a continuación, mete el metro en el bolso. Estos dos gestos serán, no lo dudo, maravillosos, pero no cuadran conmigo. Cuando llego a la tienda, no me acuerdo del tamaño que necesito, así que la miro un poquito de acá, otro de allá y luego calculo que un par de palmos o tres tiene que ser la altura. Y, hasta hoy, nunca me faltó espacio para colocar la tele. Vamos, tampoco es que haya colocado tantas, que no soy una obsesa de la televisión.
En fin, que no sé yo por qué cojones tenemos que creernos que mide ochocientas pulgadas, cuando es mentira, sólo nos han dado los datos de la hipotenusa y el resto del triángulo nos lo tenemos que apañar nosotros. Venga a aplicar el teorema de Pitágoras (era el de Pitágoras, ¿no?) y a ver, qué alguien me explique si en su colegio le tocaba resolver el coñazo éste de los triángulos rectángulos en pulgadas. Tururú.
Mi santa madre, hace muchos siglos, me dijo que un palmo, máomeno, equivalía a 20 centímetros. Será el suyo, que yo tengo las manos rechonchas y los dedos cortos. Pero bueno, con esa estimación, calculo que un poco más de mi mano son esos veinte centímetros y, a base de experiencia y de prueba y error, he conseguido superar bastante bien este contratiempo. Vamos, que paso de pulgadas y otras medidas chorras, me quedo con el palmo, que va bien. De hecho, algunos presumen mucho de un palmo, pero ésa es otra historia (de fantasmas).
¿Y qué me decís de los líquidos? Resulta que lees una receta y te dice que añadas "10 decilitros de aceite". A ver, ¿quién coño tiene en su casa infraestructura para medir un solo decilitro? ¿Cómo se traduce eso en medida de madres? Ya sabéis, sus recetas son "echa un poco de esto, otro de la otra cosa y luego, según tú veas, lo rectificas de sal y le añades el agua que necesite". Bueno, pues ese mensaje críptico es, para mí, mucho más claro que el de "añada diez putos decilitros de aceite" que, a saber, en qué mente degenerada se coció (y nunca mejor dicho lo de cocerse). ¿Dónde quedaron las cucharadas, cucharaditas, cucharadas soperas, lo que quepa en el hueco de la mano, el vasito pequeño y esas mucho más naturales medidas, que nos permitían finalizar con éxito cualquier receta? Han sido engullidas por el monstruo de las pesas y medidas, salvo en algunos libros que, lo reconozco, nos sacan del aprieto, pero deprimen bastante, porque siempre se titulan "cocina para inútiles" o "cocina para tontacos" o "para vagos", "para lerdos", "para bizcos", "para calvos"... en fin, un piropeo constante y eso que son los únicos que tooooooodos entendemos. Snif.
Por eso, creo que, para líquidos, es mucho más eficaz utilizar como medida el chorro. Acudo a vuestra memoria visual, ¿a que sabéis exactamente lo que significa "un chorro"? Y eso que esta medida es variable, dependiendo de si se trata de un chorro de ginebra en el cubata, de vinagre en la ensalada o de fairy en un ojo cuando fregabas los cacharros, torpe, más que torpe. Se puede matizar en chorros y chorritos, aunque ahora, por mor de cierto programa de televisión, también se pueden utilizar los "chorrazos".
Y las libras, ¿qué os parecen las libras? Las libras a Inglaterra. Bueno, en mi no lejana juventud (más snif), llamábamos libras a las monedas de veinte duros (también conocidas como chocolatinas, gambas y qué sé yo más). ¿Cuándo podremos añadir a una tarta "una libra de mantequilla? Aparte de lo que engorda, ¿qué jodía cantidad es eso? ¿Un ladrillito de los que venden en las tiendas, medio? Lo ignoro y por eso mi repostería es un asco (por eso y por más cosas, para qué os voy a engañar). Aquí, yo creo que sería eficaz acudir a alguna de aquellas medidas que se usaban antiguamente en Castilla: por ejemplo, medio celemín de mantequilla (¡hala! ¿Dónde vas tú con tanta mantequilla?), porque una fanega de mantequilla sería ya para la mayor tanda de magdalenas que hubiérais visto en vuestra vida. Pero como comprendo que me diréis que, en realidad, el celemín del marco de Castilla no es exactamente igual que los que pudieran utilizarse en Lugo, os propongo una medida standard mucho más cómoda: el puñado. Al fin y al cabo, si lo que te gusta te lo comes a puñados, ¿por qué no vas a utilizar esta medida para cocinarlo? Con decir el número de puñados que necesitas para cada cosa., que luego te laves las manos y que sólo lo uses para medir sólidos (un puñado de vino, por ejemplo, puede hacer un apaño en una salsa, pero no creo que llegue a la cacerola. Si alguno lo intenta y le sale, que me lo cuente, porfi). Si el puñado es pequeño, pues echar un puñadejo (o puñaejo, que suena mejor).
También propongo que, para medir distancia, se utilicen medidas mucho más prácticas, como "aquí al lado", "cerquita" (esta medida varía entre las personas de Madrid y las de pueblos pequeños, comprobado ante notario), "allá arribotas" o, para largos recorridos "a tomar por culo". Se hará uno una idea mucho más clara. Porque, vamos a ver, no me digáis que tardáis siempre lo mismo en recorrer, por ejemplo, seis kilómetros, porque no es verdad. Si hay un huevo de curvas tardáis más, como todo hijo de vecino. Pues, aunque el gps, a quien lo tenga, le diga que la distancia es la misma, en la realidad es la diferencia entre "aquí al lado" y "allá arribotas" y, en nuestro mapa mental (si es que eso existe) está más lejos. Coño.
Desterrados los kilómetros, no quiero extenderme con los metros. Teniendo en cuenta que he escuchado las definiciones más variopintas sobre lo que es un metro (de medir), desde "la diezmillonésima parte del meridiano terrestre" (¿esto sirve para algo?) hasta "la distancia entre los dos extremos de una barra de platino e iridio que está en el Museo de Pesas y Medidas" (¿y esto? jodó), creo que debemos olvidarnos para siempre de él, ya que tenemos medidas mucho más claras, como "el cuerpo un indio", "la manga un abrigo" y otras muchas.
Una vez, incluso, escuché que si cogías una tela y, sin estirarla, medías el tramo entre tu sobaco izquierdo y la punta de los dedos de la mano derecha, venía a ser como dos metros. No me creo nada de nada, pero me mola la unidad de medida sobaco-dedo. A ver si la aplico para calcular el espacio cuando vaya a instalar una estantería.
Con el tiempo, pasa lo mismo: aunque se utilice el mismo en todas partes, es un rollo guiarte por él. Cuando estás copiando un archivo, por ejemplo, te dice: "faltan 15 segundos" y eso lo pone durante tres horas o empiezas a contar y en tres se ha ventilado. Las horas ¿qué deciros de las horas? No tiene nada que ver la que te tiras esperando a un plasta, que habíais quedado a las 6 y son las 7, con la que pasas viendo una peli ("¿yasacabao?"), por lo que yo propongo que midamos el tiempo en ratos, ratejos y ratos largos. Es más cómodo que las horas canónicas, que en un tiempo estuve tentada de utilizar, pero maitines me pillaba como el culo. En fin, que en un ratejo haces un huevo frito, en un rato una ensaladilla y el rato largo lo destinas a grandes obras de arte, como las croquetas o las albondiguillas. Y todo el mundo sabe, exactamente, a qué hora plantarse para que les des de comer. Y si no, que se lo digan a mi primo Javi, que cuando empieza a preparar la paella (y hay que cortar las verduras) está más solo que la una, pero cuando el arroz ya se ha puesto regonito, tiene amigos por doquier, que surgieron de la nada. Zampas, que sois unos zampas.
Y bueno, no me extiendo más, pero para esas medidas infinitesimales que estudiábamos en el cole (milímetros, micras y todo lo más enano aún), yo creo que la medida "una mierda" o, incluso "una birria", es perfectamente útil y podemos olvidarnos de la regla de medir.
Creo que ha quedado todo bastante claro, pero me queda una cosa por decir: seguro que ninguno recordáis todas las unidades de medida que se estudiaban  en  física, hasta algunos pusieron su nombre a algunas y quedaron para la posteridad lindezas como el "culombio", que ya le vale. Una profesora mía intentó enseñarnos una melopea con los nombres de todas, que empezaba algo así como "iba don Ergio montado en su Caballo de Vapor, que hacía Kilowat, Kilowat, Kilowat" y ya no me acuerdo de más, ni me importa, que conste, porque nada de eso sirve para nada. La corriente, en calambrazos, la fuerza, en empujones, la velocidad, en cagandostias, la temperatura, en quemepelos... en fin, lo que se os ocurra, siempre tendrá más lógica y, además, dado que existen tropemil de las oficiales, es obvio que ninguna cumple el carácter unificador y normalizador (oigs, qué cursi) que se le pretende. Por tanto, mis unidades propuestas, además de sacar a la gente de la perplejidad en la que lleva sumida durante años por la inconsciencia de algunos, puede que alcancen el status de norma ISO.
Y no estaría mal, porque cada vez que veo mi recibo de la luz y compruebo los kilowatios consumidos y su puta madre, o el del agua y me dice no sé cuántos metros cúbicos (¿cuánto es eso en duchas?) no puedo, en realidad, saber cuánto he consumido, si la lectura está bien tomada, si me están timando y eso, qué queréis que os diga, es un estrés y un sinvivir.

4 comentarios:

  1. Juajuajua!!! Verdad verdadera. Sobre todo en Madrid, que aquí cerca no cogemos el metro significa una pateada de dos pelotas. Y con lo de las facturas del agua éso sí que es un estrés y un sinvivir!!! Casi me parto de risa con lo de la canción de las medidas. De verdad, Mary Helen, que eres una gamberra que no tiene precio.
    Nunca lo confesará públicamente, pero mi Jefe te lee... y está esperando las entradas, porque ayer me preguntó por tí....

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  2. Aquéllo sí que era un estrés y un sinvivir, de verdad. Yo mi imaginaba a don Ergio en su Caballo de Vapor y, la verdad, se me ponía una cara de "jodóooooo". La pena es que no llegué a aprendérmela, porque era infumable.
    Me hace mucha ilu tener seguidores anónimos, tendré que esforzarme más para escribir cosas más fermosísimas aun si cabe. Que no te creas, la cosa tiene su aquel...

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  3. Tened cuidado con las medidas abstractas, que uno que me parece que varios de vosotros conocéis, tomó las medidas a palmos o palmitos para unas puertas de un reloj de cu-cú, y por el camino hacia su casa-taller, se tomó, además, alguna que otra copa, se desconoce la cantidad exacta, unas cuantas, creo, y cuando hizo las famosas puertecitas las tuvieron que poner en la salida de un garage de la calle San Roque... Si hubiera o hubiese medido con una cinta métrica y lo hubiese (o hubiera) apuntado en un papel, seguramente se lo habría guardado en el paquete de tabaco, y lo habría tirado a la basura o al suelo al sacar el último pitillo, y hoy día no tendrían puertas ni el reloj ni el garage, claro. (Uf, un estrés y un sinvivir)

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  4. Además que sí. También le encargaron las puertecitas del sagrario de la iglesia, con resultados muy similares. Yo creo que, en el fondo, era un innovador incomprendido. Snif.

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