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jueves, 22 de marzo de 2012

Y tó lleno bichos...

Que conste que la frase no es mía, sino de un coleguita de mi hermana, que definió así el Masai Mara o como se llame el sitio al que te llevan de safari cuando vas por África. Por lo que contaba, no podemos ni imaginarnos la cantidad de bicharracos que hay por ahí pastando. Claro, como en la tele sólo enfocan a las leonas, te crees que están ahí, solitas, en medio de la sabana, hasta que aparece un despistadillo rumiante, como quien no quiere la cosa... y se lía parda. Pero no, resulta que hay unos cuatrocientos mil millones más de bichejos por ahí, pero te tienes que poner un poquito más lejos para verlos todos.
El caso es que, durante mucho tiempo, he pensado que, con la excepción de mi casa cuando llego en verano a limpiarla, aquí estábamos libres de la invasión de animalejos, porque estaban todos en Kenia... Hasta que, hace relativamente poco, un acontecimiento aparentemente trivial ha venido a abrirme los ojos y he comprobado que también nuestro mundo civilizado está "tó lleno bichos".
Últimamente venían hablándome por aquí y por allá de las excelencias de un champú que, según me decían, está pensado para caballos. Y yo me pregunto ¿ni los pobres caballos están exentos de tales coqueterías? Dentro de poco habrá también rimmel para caballos, lencería para caballos y qué sé yo qué más. Los veremos en las peluquerías poniéndose mechas, haciéndose los cascos con manicura francesa, peinándose la cola con coleteros de Dora, la Exploradora... Qué desastre, de verdad, "vanita vanitatis" en versión caballuna. Y todo por nuestra culpa, que les hemos llenado la cabeza de sandeces.
Pero, como de costumbre, mi razonamiento no era, que se diga, muy correcto. Han tenido que explicarme, despacio y con dibujitos, que el champú con el que, de toda la vida, lavaban a los caballos para que estuvieran bien lustrositos antes de correr el "Grand National" y otras competiciones cuyos nombres desconozco, ahora lo han comercializado para uso humano porque es la leche de bueno para suavizar nuestras greñas, poblar nuestras calvas y dejarnos tan monas... Eso sí, supongo que un 200% más caro, que ya que a nuestros equinos no se la pueden clavar, pues a nosotros, hala. A restregarnos el cogote con champú de borricas. Lo siguiente será que nos convenzan de lo buenísimo que sería para nuestros pies calzar herraduras, que se desgastan menos que los tacones.
En fin, que me sugestiono con el asunto voy y me compro un bote para hacer la prueba, que todo el mundo me dice que le va estupendo y se les ponen unas pelambres que da gusto de rubias, brillantes y con el liso asiático ése de las narices... Pues a mí no, como ya podéis imaginaros: se me han quedado los pelos todos de punta y ásperos como un escobajo. Mis fermosas guedejas, merced a este champú, parecen... crines. Lógico. Es lo que tiene lavotearte con champú de caballos. De hecho, es tan requetebuenísimo que en la tienda me recomendaron que no lo utilizara mucho, que no conviene. Pues sí que estamos bien.
Esta absurda experiencia me ha recordado otras, más antiguas, también relacionadas con otros bichos y no me ha quedado más remedio que contarlas aquí, porque si se las comento a la gente en el curro huyen, asegurando que tienen a los niños en el horno o urgencias similares (snif).
Por ejemplo: ¿os acordáis cuando se puso de moda la baba de caracol? ¡Qué cosa más repugnante, por favor! Con la rabia que te da cuando algún bebé te chorrea las babas espesas y llenas de migas de pan por la cara mientras le estás haciendo el avión y resulta que nos dio por coger las de los caracoles, que son mucho más asquerosas y empezar a restregárnoslas por todas partes. Puaj. Hasta alguien conozco que le recomendaron esas puras babas, sin crema ni nada, para tratarse las verrugas y llevaba las manos como recién sacadas de la boca de un alien. Ignoro si se le fueron las verrugas pero, la verdad, yo hubiera preferido andar por el mundo con las zarpas como si llevara un puñado de chufas a restregarme los efluvios de esos gasterópodos cabrones con los ojos en los cuernos.
Siempre que veía en la tele el anuncio de marras, en el que te decían que llamaras a no sé qué número de teléfono y te mandarían más y más tarros de crema a unos precios sorprendentes (¿sorprendentes? Lo sorprendente es tener que pagar por esa pringue) me quedaba flipada viendo cómo se la daban por aquí y por allá y aseguraban tener la piel más joven, haber perdido de un plumazo todas sus arrugas, haberse curado de la celulitis, la lepra y no sé cuántas virtudes más. Vamos, hombre, por favor. ¿Habéis conocido a alguien que comprara esa guarrería? Pues eso.
¿Y qué me decís de la "crema de la vaca"? Nunca supe si se llamaba así por haber sido diseñada exclusivamente para vacas, por estar fabricada con vacas o porque se les puso en los mismísimos a los que la comercializaban, pero me daba un mal rollo... Con el cariño que le tengo yo a las vacas, que hasta mujo en mis ratos libres... Imaginarme que las hacían paté para que yo me lo untara en el ombligo y se me pusiera moreno... Otras veces pensaba que eran las vacas quienes debían dársela para tomar el sol, tal vez así no se quedaran a manchas blancas y negras, como si tuvieran vitíligo... Pobres vacas mías, si a ellas les importa un rábano estar o no morenas, lo mismo que a mí, la verdad. Pues pasando de la crema de la vaca.
Más ejemplos: en mis no muy lejanos (mentiraaaaaaa, mentiraaaa) años de estudiante, aprendí que los fenicios y los romanos fabricaban el tinte púrpura machacando los caparazones de no sé qué caracol, o de algún otro animalejo repugnante, seguramente marino. Total, que los patricios y esas gentes se envolvían las nalgas con telas teñidas con cascaritas de caracola. Espero que no se pincharan el culo con algún resto. Bueno, pues el té que espurrea la máquina del curro tiene un color parecido y, de hecho, una compañera asegura que lo preparan con cochinillas machacadas... Me he pasado al café, aunque otro colega asegura que la leche auténtica no puede hacer esos espumarajos y que, con toda seguridad, sea fairy. Pues sí que estamos buenos.
Luego está una cosa que llaman goma laca o algo parecido, que sirver para frotar y refrotar los muebles de la abuela y dejarlos bien regonitos. Yo pensaba que era un barniz, pero me dicen que no, que es un pringue preparado con restos de más y más repugnantes bichos. La próxima vez le doy a la mesilla una mano de purpurina, que seguro que no tiene nada de eso.
En fin, que ya veis cómo están las cosas, "toas llenas de bichos". Y yo digo ¿alguno der estos productos tendrá la etiqueta tan mona de "no testado en animales"? Porque el champú de caballos, habrán tenido que probarlo con caballos, imagino ¿o lo probaron primero en humanos, para asegurar que los caballos podrían usarlo sin peligro?; las babas de caracol ¿se le ocurrió comercializarlas a un guarro o probaron primero a ver cómo se les arreglaban las goteras de la cáscara? ¿Probaron la famosa crema bronceadora en vacas o esperaron primero, a ver si se achicharraban las señoras? ¿Dieron a beber el té a las cochinillas y, una vez comprobado que no fallecían las trituraron y las metieron en la máquina del trabajo? ¿Limpian las larvas los huecos de los árboles en que viven con la susodicha goma laca y los dejan bien brillantitos?
Ignoro la respuesta a todas estas preguntas, pero allá donde miro encuentro un producto "lleno bichos" y no sé si seguir la corriente y utilizarlo o morirme de asco. Esto es un estrés y un sinvivir.

5 comentarios:

  1. Ciertamente no hay quien esté a salvo de estos bicharracos, recuerdo alguna de estas noches que en busca de esterilizar el gaznate de tanta porquería invertebrada echamos mano a una botella de tequila; al parecer la misma idea tuvo un simpático gusanito harto de las ajjjquerosidades de sus congéneres, pero resultó ser súper simpático y nos contó épicas historias... o igual era Richi, todo queda difuso xD

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  2. Había oído contar esa historia, pero pensaba que era una leyenda urbana... "El gusano sabio de Horche", la gente le consulta sus problemas y sus atinados consejos han sacado a más de uno del abismo de alcohol y juergas sin límite en que estaba sumido... Una lástima, por cierto.

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  3. Por cierto, esta mañana, en la FNAC, me he tomado un café asiático que, por lo visto, le dan los granos a comer a un bicho y, cuando los caga, lo preparan y está "regüenismo". ¿Veis como tengo razón? Por cierto, a quien tenga curiosidad, pero no le apetezca ni papa probarlo, es más ácido.

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  4. De verdad Elena, que por tomarte un café que encima te habrán clavado, es que ya no sabes qué hacer para llamar la atención!!

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  5. Qué vaaaaa, si me lo regalaron... Me dieron un vale para tomar café gratis en la cafetería de la FNAC, así que pedí uno y, mientras me lo bebía, fui leyendo los cartelitos y me encontré con que estaba "tó lleno bichos" o al revés, los bichos estaban "tós llenos de café". Una cosa sorprendnete, por demás... Dentro de poco harán otro que los granos hayn sido, previamente, chupados por una cabra o mordiqueados por camellos, yo qué sé...

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