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martes, 21 de diciembre de 2010

La lluvia, en Sevilla, será una pura maravilla, pero aquí...

¿Os acordáis de Audrey Hepburn recitando, con perfecto acento vallisoletano, estas fermosísimas palabras? Pues yo, esta mañana, me he acordado de ella y de su abuelita en bicicleta, cuando he tenido que sacar los remos por la ventanilla del coche para poder superar la curva de San Fernando. Luego he descubierto que, si hubiera elegido como extra cuando lo compré, la opción "fuera borda", habría podido desplazarme más cómodamente. Claro que este plus sólo está disponible para coches de gama alta, y no para mi pobre bishillo. No somos nadie. Snif.
No sé por qué será, pero la lluvia sólo mola cuando eres pequeña y pasas por debajo de los canalones, con la cara para arriba y te cae un chorro que te deja temblando y te entra por el cuello del impermeable. Porque, el resto del tiempo, os pongáis como os pongáis, es un coñazo.
¿Que es fantástica para el campo? Pues no lo tengo yo tan claro. Hace dos semanas estuve en el pueblo y, con una manta de agua mucho más reducida que la de hoy, recogimos suficiente barro en la peña para fabricar un golem, como el de la película antigua ése que había en Praga y rendirle culto en el fondo de la bodega. De hecho, alguna de mis amigas tenía ese aspecto al final de la noche. Y yo creo que, si a una espiga de trigo le sueltas doce mil litros a chorro, como que no le viene muy bien. Porque esa lluvia menudita y continua, que tanto le gusta a los agricultores, no cae nunca, a no ser que acabes de salir de la peluquería. Entonces sí: pero te cae encima a ti y te deja los pelos como los de las mazorcas de maiz. En fin, una monada.
¿Que hace falta que llueva, que hay sequía? Que se lo digan a los de Écija, que están tan contentos, organizando piscifactorías en sus casas. Han tenido que sacar los flotadores de patito para ponérselos a las truchas y todo. ¿Que se ponen tan bonitas las fuentes? Vosotros intentad pasear ahora por el campo, que en cuanto lleguéis a un manantial, se os hundirán los pieses, asín, los dos de una vez, en metro y medio de barro, pondréis el agua lodosa y luego saldrá turbia por el caño y os llamarán cochinos.
¿Que así baja la contaminación? Síiii, claro que baja, al suelo, que está más gorrino que yo qué sé. Las boinillas ésas que llevan las bellotas, son la boina de contaminación de Madrid, que ha bajado al suelo con las últimas lluvias y se la ha quedado el árbol. Luego comeremos residuos de calefacciones, uuuum, qué riiico.
¿Habéis revisado si vuestros tejados tienen goteras? Porque hoy se os habrán puesto bien frondosas. Yo no tengo, pero el vecino de al lado tenía atascado el sumidero de la terraza, con lo que el agua se filtró y se me quedaron las paredes sudorosas, como las de las películas de terror, sólo que en ellas lo que se filtra es potencialmente asesino y aquí es únicamente pringoso y repugnante. Menos mal, sólo me faltaba que, por culpa de la lluvia, me entrara otro poltergeist, que ya tengo bastante con el de debajo del sofá (por cierto, que se ha quedado con uno de los mandos a distancia, todavía no he averiguado cuál. ¿Dónde habré dejado la escoba para sacarlo?).
Y miras la tele, a ver si esto tiene trazas de cambiar, pero no te salen más que programas del corazón. Qué coñazo. Cuando, por fin, encuentras un canal de noticias (te prometes a ti misma que apuntarás el número del canal, pero lo haces en un kleenex con el que, posteriormente, te suenas los mocos y se te pone la nariz azul de la tinta y ya no te acuerdas del número de los cojones), tienes que tragarte medio siglo de entrevistas con entrenadores de fútbol y sus primas las cojas, antes de saber el pronóstico del tiempo. Pero nunca llegas a verlo, porque te llaman por teléfono para venderte una enciclopedia, llama a la puerta el fontanero, que no viene a arreglarte las goteras, sino a pedirte el aguinaldo, te acuerdas que tienes en el fuego agua para hacerte una tila, porque ya no puedes con tanto estrés y, cuando quieres darte cuenta, se ha pasado el hombre del tiempo, no tienes ni idea de si va a seguir lloviendo mañana y el vecino de arriba aprovecha para regar a cubos, pensando que no te enteras con la que está cayendo. Joder.
Y podría ser peor, menos mal que no lavé el coche...
Es entonces cuando recuerdo mi no muy lejana infancia, cuando el primo Noé nos decía: "Joder, qué finos los de Madrid, si son cuatro gotas". Y yo, por hacerle caso y no quedar como una vulgar urbanita, aquel domingo no tuve bragas secas para ir a misa.
Vamos, que la humanidad no ha conseguido todavía hacerse a estas lluvias persistentes, se organiza la de Dios y esto es un estrés y un sinvivir.

3 comentarios:

  1. Soplillo de Arriérez y Torrezno22 de diciembre de 2010, 21:16

    Querida hermana, acuérdate de que a mí "me encantaba mojarme" cuando era hija y estudiante, pero desde que soy madre y currante, no paro de decir que la lluvia es un puto asco, no se seca la ropa, metes los pies en los charcos creyendo que tus botas son herméticas y resulta que lo que empieza siendo un ligero fresquito en un pie, termina siendo un enorme chof, chof, chof en los dos, llegas a casa chorreando y lo pones todo perdido, tienes que meter el paraguas en el fregadero porque el baño está al otro lado de la puerta de la calle y el paragüero atiborrado de inservibles paraguas des varillados, los pelos, ni te cuento, si los tienes lacios, como si te hubieran vomitado encima, y si los tienes rizados (o fosquitos, tan monos), como fideos gruesos, de fideuá, y el rímel corrido, y los libros que llevabas en la mano, empapados como el diario de Tom Ryddle, y, como sólo ibas a por el pan, has pasado al súper y te has cargado con dos o tres bolsas que han ido dejando tu rastro por doquier, y, y, y, guaaaaaa.
    Un estrés y un sinvivir, y eso que cuando mis chicos eran pequeños me iba con ellos a pisar charcos. ¡Qué insensata!

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  2. Bah, eso solo pasa a los de Madrid, con éso de que estáis encantados de vivir ahí. Bueno, y a los de Ecija, que tengo que decir que yo no he visto llover como en Córdoba, la manta de agua que cayó los primeros cinco días que yo estuve allí hará unos años, que sacaban los bomberos a la gente de su casa en zodiac...

    Aquí en Zaragoza no llueve ni de coña, por algo los Monegros son un desierto y las Bárdenas otro, nuestros hijos no pisan charcos, ahora bien.... No tenéis ni idea, lo peor para los pelos no es la lluvia, es el viento, queridas, a cien kilómetros por hora de normal, que éso aquí no es ni de alerta ni de nada....Anda, intenta llegar a una reunión sin parecer una loca sólo de bajarte del autobús... O como dice Lucía, "mamá, no puedo respirar"... si consigue la pobre dar un paso....
    De todas formas, os entiendo, de estudianta se me pudrieron un par de buenos zapatos un otoño en Madrid de todo lo que llovió.
    Veniros para el secano, queridas, seréis recibidas como os merecéis.....
    Feliz Navidad a todos, montones de besos de Susanita y todos los Guzmanes.

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  3. Pues sí, la verdad es que el viento tampoco es moco de pavo, sólo que aquí no hace, así que te dejaré la entrada para tu blós, cuando lo inicies. La pena es que la pobre Lucía no pueda pisar charcos, con lo que mola. Eso sí que es un estrés y un sinvivir.

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